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Dignidad escolar

Actualidad

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Fátima Herrera

Portavoz PSOE Ayuntamiento Almería

3 de julio de 2026

Dignidad escolar

El reciente anuncio municipal de un plan de reformas para quince colegios de la ciudad ha dejado al descubierto una grieta incómoda: la de aquellos centros que se han quedado fuera de la foto oficial. La pregunta que flota en el aire no es por qué se actúa en esos quince centros —medida sin duda urgente necesaria—, sino bajo qué criterio ético se condena al olvido a todos los demás.

La educación pública debería ser el territorio de la igualdad absoluta, el único lugar donde el origen de un niño no determine su destino. Sin embargo, al recorrer la geografía escolar de nuestra ciudad, una descubre que la dignidad de las aulas parece haberse convertido en una lotería. Centros como el CEIP Ginés Morata o el CEIP de El Puche ha quedado excluidos. En sus aulas, el inicio del curso en septiembre no promete el brillo de la pintura fresca, sino la rutina de convivir con las goteras de siempre. Persianas rotas, baños estropeados y malolientes, y patios sobre baldosas rotas.

Excluir a estos centros del plan de choque no es solo una decisión presupuestaria; es enviar un mensaje implícito de que hay estudiantes cuyas necesidades pueden esperar un año más. O una legislatura más. La brecha invisible.

La política local sufre a menudo de una miopía severa: prefiere el impacto inmediato de la pantalla del móvil al beneficio silencioso de la baldosa arreglada. No es demagogia señalar que, mientras las partidas para el mantenimiento básico de los colegios se han racionado con cuentagotas durante años, nunca ha faltado liquidez para el marketing, el postureo digital y los eventos de diseño.

Las familias y las AMPA de Almería no exigen lujos ni proyectos faraónicos. Reclaman algo tan elemental como la seguridad de que sus hijos estudiarán en un entorno digno. La verdadera gestión no se mide en el número de likes de una publicación institucional, sino en la tranquilidad de unos padres al dejar a sus hijos en la puerta del colegio.

No podemos permitirnos una Almería de dos velocidades, donde la calidad del entorno educativo dependa del código postal. La alcaldesa tiene ante sí la oportunidad de demostrar que la escucha activa de la que presume va más allá de las siglas políticas y de los quince afortunados de la lista.

El próximo septiembre, cuando el timbre vuelva a sonar, todos los niños de esta ciudad merecen cruzar el umbral de un colegio seguro, luminoso y digno. Cualquier otra cosa será, simplemente, suspender en justicia social.

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