
Actualidad

Fátima Herrera
Portavoz PSOE Ayuntamiento Almería
17 de febrero de 2026
Cuestión de responsabilidad
Los almerienses estamos de enhorabuena. Por fin, tras años de espera, la señora Vázquez ha dado luz verde a la nueva Ordenanza de Movilidad. Sin embargo, lo que debería ser un hito para la modernización de nuestra ciudad nace con la certeza de que, una vez más, la alcaldesa camina varios pasos por detrás de la realidad de la calle. ¿Cuantos accidentes se podrían haber evitado en todo este tiempo?
La ordenanza llega muy tarde. Han pasado casi dos años desde su consulta pública en 2024, un tiempo precioso en el que Almería ha carecido de una regulación clara mientras los Vehículos de Movilidad Personal (VMP) se multiplicaban sin orden ni concierto. Pero más preocupante que el retraso es el "cómo". Una norma de este calado, que afecta al día a día de cada almeriense, no debería haberse cocinado de espaldas a la participación, negando mesas de trabajo y hurtando el debate a los grupos políticos que buscaban sumar. La movilidad es convivencia, y la convivencia no se impone por la puerta de atrás; se dialoga.
Es positivo que se reconozcan los patinetes y bicicletas, pero el PP sigue anclado a una visión de donde el coche es el protagonista absoluto. La nueva norma parece más una lista de deberes y castigos para el ciudadano que un plan estratégico de ciudad. Se le exige todo al usuario —casco, edad mínima, restricciones de aparcamiento—, pero ¿qué ofrece el Ayuntamiento a cambio?
La realidad es tozuda: no hay un compromiso firme para crear carriles bici seguros ni zonas de estacionamiento suficientes. Sin infraestructura real, la regulación se convierte en una trampa recaudatoria. Exigir seguridad a quien circula en patinete mientras se le obliga a compartir vías deterioradas o insuficientes es, cuando menos, incoherente.
Ojalá esta ordenanza no acabe como la Zona de Bajas Emisiones: un "brindis al sol" sin cámaras conectadas ni voluntad de aplicación. Es necesario que el equipo de gobierno empiece a escuchar más y a imponer menos, transformando las prohibiciones en alternativas seguras y eficaces. Solo así dejaremos de ser una ciudad lastrada para convertirse en la Almería moderna que los ciudadanos anhelan, a pesar de sus ordenanzas.









