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3 años de postureo

Actualidad

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Fátima Herrera

Portavoz PSOE Ayuntamiento Almería

23 de junio de 2026

3 años de postureo

La política municipal, a menudo, se debate entre la efervescencia de las promesas y la pesada losa de la realidad. En Almería, tras cumplirse tres años desde que la Sra. Vázquez asumió el bastón de mando, la distancia entre lo que se promete y se cumple se ha ensanchado hasta  límites inimaginables. 

Mientras la alcaldesa en sus discursos oficiales dibuja una ciudad idílica y asegura haber cumplido el 80% de su programa electoral para estos cuatro años de mandato, el día a día de nuestros barrios cuenta una historia radicalmente distinta: la de una Almería desencantada, que espera y calla. Tres años esperando la poda de un árbol que impide abrir las ventanas en verano a una familia del barrio de Araceli es un ejemplo más que suficiente. 

El peso de lo cotidiano no encuentra respuesta en la agenda de la alcaldesa. Pero gobernar es priorizar, y en este trienio las prioridades parecen haberse trasladado al terreno de la imagen y el postureo. La brecha de los barrios es hoy más visible que nunca, evidenciando una Almería a dos velocidades donde la periferia siempre sale perdiendo. Lo saben bien los vecinos de Loma Cabrera o Bellavista, que siguen esperando sus pistas deportivas.

El Casco Histórico languidece y la regeneración de la Almedina sigue siendo un mero boceto olvidado en un cajón. Almería se transforma a pasos agigantados en una isla de calor por falta de sombra: los árboles se retiran pero no se reponen, los parques infantiles continúan desprotegidos del rigor del verano, y tres años no han sido suficientes para solucionar el desfasado e insuficiente transporte público y resolver así el grave problema de movilidad y tráfico que soportamos cada día.

Resulta paradójico que, tras prometer una congelación fiscal, los almerienses asistan hoy a una subida generalizada del IBI, el agua y la basura. El dinero público, ése que debería coser las costuras de una ciudad desigual y mejorar unos servicios de limpieza y transporte visiblemente desfasados, se escurre con demasiada facilidad hacia el departamento de eventos, autobombo y postureo.

Pero Almería no necesita más retratos institucionales; merece un lienzo donde dibujar una ciudad más limpia, donde se garantice la conciliación familiar y el reequilibrio de sus barrios. Tres años después, el balance no se mide en porcentajes de autocomplacencia, sino en la mirada de unos vecinos que ya no quieren más promesas, sino cambio, trabajo y realidades.

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